En la calle de la Fe del cementerio de San Fernando de Sevilla, entre los monumentos de toreros, artistas y personajes ilustres, se encuentra una tumba que guarda una historia de amor y recuerdo. Es la de Magdalena Campos Plantón, conocida como Maleni, una joven gitana que falleció en 2005, con solo 27 años, y a la que una guía turística llegó a llamar «princesa Maleni». Este 1 de noviembre, Día de Todos los Santos, su sepultura vuelve a destacar por las flores de colores y los emotivos versos que su familia dejó grabados en mármol para mantener viva su memoria.
Bajo un templete de mármol blanco, sostenido por columnas y rodeado de una balaustrada, aparece el retrato de una mujer joven, de cabello largo y vestida de fiesta. A sus pies, un libro abierto de piedra conserva dos poemas familiares: uno recoge el dolor de una madre por la pérdida de su hija y el otro imagina a Maleni llegando al cielo, donde Dios la invita a bailar flamenco.
El dolor de una madre grabado en mármol
La lápida identifica a la joven como Magdalena Campos Plantón. Nació el 27 de noviembre de 1977 y murió en 2005, cuando apenas tenía 27 años. Junto a su nombre, unas letras de bronce recogen una promesa familiar: «Tu familia nunca te olvidará». La inscripción incluye también unas palabras del Evangelio de Lucas: «En verdad te digo que hoy estarás conmigo en el paraíso».

Sin embargo, uno de los elementos más conmovedores de la sepultura se encuentra sobre la propia losa. Se trata de un libro de mármol abierto, cuyas páginas contienen dos composiciones dedicadas a la joven. En la primera, su madre recuerda la alegría y el carácter de Magdalena: «Magdalena era gitana y hermosa, el salero que tenía, nada más abrir su boca, todas las gentes reían. Tu madre está llorando con todo su corazón, diciendo: Magdalena, Magdalena, contigo quiero ir yo y acabarán mis penas».
La fiesta flamenca de Maleni en el cielo
La segunda página del libro cambia por completo el tono de la despedida. Frente al dolor por su muerte, la familia imagina la llegada de Maleni al cielo como una auténtica fiesta flamenca. En esa escena aparecen pastores y pastoras, palmas, panderetas y bulerías. La joven ocupa el centro de un corro mientras Dios la invita a bailar.
Los versos recogen una imagen especialmente emotiva: «Ya está la fiesta formá, la Maleni está en el corro y Dios la saca a bailar. Ella da la media vuelta, y ella se da su pata, y rematando en el aire, pétalos de rosas frescas que desprenden de sus manos». La composición continúa evocando el baile de Magdalena y termina con unas palabras que reflejan el cariño que su familia quiso dejar grabado para siempre: «Su baile se escucha en la tierra, y no hubo un gitano en Sevilla que no llorara por ella».
Un templete de mármol blanco
La tumba de Maleni se encuentra en la calle de la Fe, uno de los principales recorridos del cementerio de San Fernando. En sus inmediaciones se levantan algunos de los monumentos funerarios más conocidos de la ciudad, como el dedicado a Joselito el Gallo, realizado por Mariano Benlliure, el Cristo de las Mieles de Antonio Susillo y los panteones de Juan Belmonte y Antonio el Bailarín.

Entre estas sepulturas históricas, el monumento de Magdalena destaca por su arquitectura y sus elementos decorativos. Se trata de un templete de mármol blanco veteado, sostenido por columnas acanaladas con capiteles de inspiración corintia y rodeado por una balaustrada. En su interior, una hornacina rematada por un frontón enmarca el retrato de cuerpo entero de la joven. Sobre la fotografía aparece su nombre, «Maleni», escrito en letras doradas.
La construcción refleja una forma de recordar a los difuntos presente en algunas sepulturas de la comunidad gitana sevillana, donde las fotografías, las flores de colores y los monumentos ornamentados adquieren especial protagonismo. Su historia personal permanece, por tanto, ligada principalmente a los recuerdos que sus seres queridos dejaron grabados en el mármol.
Las flores mantienen vivo el recuerdo de Maleni
Este domingo, 1 de noviembre, el cementerio de San Fernando vuelve a convertirse en uno de los lugares más visitados de Sevilla con motivo del Día de Todos los Santos. Numerosos sevillanos acuden durante estas fechas para recordar a sus familiares, limpiar las sepulturas y depositar flores.
En la tumba de Maleni, las guirnaldas rojas, rosas, verdes, naranjas y amarillas adornan la balaustrada del monumento. Junto a su retrato también hay una planta, mientras pequeñas piedras de cristal de colores decoran el pasamanos. Son elementos que mantienen el carácter familiar de un monumento construido para que su recuerdo permanezca.
La princesa gitana que sigue bailando 21 años después
Han pasado 21 años desde la muerte de Magdalena Campos Plantón. Su nombre no ocupa las páginas de la historia oficial de Sevilla, pero su sepultura conserva algo que va más allá de una fecha de nacimiento y otra de fallecimiento. En el mármol permanecen el dolor de una madre, el cariño de una familia y una manera muy particular de imaginar la vida después de la muerte.
Frente a los grandes monumentos dedicados a figuras ilustres, la tumba de Maleni recuerda también las historias anónimas que guarda el cementerio de San Fernando. Este Día de Todos los Santos, entre flores, visitas y recuerdos, su retrato sigue presidiendo el pequeño templete blanco.
Y mientras los años pasan, los versos de su familia mantienen viva la imagen de aquella joven gitana que murió con solo 27 años y a la que imaginaron llegando al paraíso de la forma más sevillana posible: entre palmas, bulerías y con Dios sacándola a bailar.




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