La Alameda de Hércules volvió a convertirse este jueves en el corazón de la reivindicación y la celebración del Orgullo de Sevilla. Miles de personas abarrotaron el espacio sevillano para recibir a los pregoneros de esta edición: María Peláe, Jedet, Falete, Laura Gallego y Manolo Rosado, cinco voces distintas unidas por un mismo mensaje: los derechos conquistados no se negocian y la diversidad debe seguir ocupando las calles.
El acto, concebido como un pregón coral, estuvo marcado por la memoria, las experiencias personales y una defensa firme frente al avance de los discursos de odio. Sin embargo, fue la intervención de María Peláe la que dejó uno de los momentos más simbólicos y aplaudidos de la noche, al conectar la lucha LGTBIQ+ con una de las identidades más profundas de Sevilla: su mundo cofrade.
La artista malagueña, en un discurso que ella misma definió desde la emoción y la combatividad, reivindicó a todas aquellas personas del colectivo que durante décadas han sostenido tradiciones, hermandades y expresiones culturales desde lugares invisibles. «Somos carne del cofrade que no puede casarse y aún así le da su amor, su tiempo y su arte», proclamó Peláe ante una Alameda entregada.
La frase se convirtió en uno de los grandes titulares del pregón al poner sobre la mesa una realidad tantas veces silenciada: la presencia histórica de personas LGTBIQ+ dentro de la Sevilla más tradicional, aportando talento, devoción y trabajo a una cultura de la que muchas veces no han recibido el mismo reconocimiento.
Memoria frente al olvido
Peláe construyó su intervención sobre la importancia de recordar para no perder lo conseguido. «Somos por los que fueron», afirmó, en referencia a quienes vivieron la discriminación, el rechazo y el miedo antes de que existieran muchos de los derechos actuales.
La cantante hizo un recorrido por la memoria del colectivo, recordando la represión sufrida durante décadas y reivindicando a quienes abrieron camino desde los márgenes. «Lo que no se olvida, no se descuida», señaló, insistiendo en que una sociedad que desconoce su historia queda más expuesta a repetir errores.
En su discurso también hubo espacio para una Sevilla orgullosa de sus contradicciones y de su mezcla. «Somos el relevo de la Sevilla más salvaje, la que demuestra con el ejemplo y la que tira claveles en vez de balas», expresó, enlazando la lucha histórica del movimiento LGTBIQ+ con la identidad cultural andaluza.
Un pregón contra el odio
El mensaje político estuvo presente durante toda la noche. Jedet recordó que «los derechos humanos no son una opinión» y defendió que la dignidad y la libertad no pueden estar sometidas a debate. Falete denunció que todavía existen personas que sienten miedo a mostrarse como son y reivindicó una Sevilla abierta «a sevillanas maneras».
Laura Gallego puso el foco en la historia de la copla y en todas aquellas personas que fueron señaladas por salirse de las normas impuestas, mientras que Manolo Rosado reclamó espacios seguros para las nuevas generaciones y recordó que el Orgullo es también una herramienta de memoria y protección.
María Peláe reservó para el final uno de los mensajes más contundentes de la noche, cargando contra quienes alimentan discursos de odio: «La vergüenza para el odio y para quien lo alimenta». Y cerró con una declaración que resumió el espíritu del acto: «A nosotros nunca más vamos a tener miedo y mucho menos vamos a tener vergüenza».
Con un rotundo «¡Que viva Sevilla orgullosa!», la cantautora puso punto final a un pregón que convirtió la Alameda en un espacio de memoria, reivindicación y celebración.



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