Con Stéphane M’Bia renació la mística del Sevilla FC contemporáneo, esa que ya había asomado con el gol del portero Andrés Palop en el frío ucraniano Donetsk y que ha seguido obrando milagros en Nervión. Ningún sevillista olvidará aquel cabezazo en Mestalla tras un saque de banda, cuando el equipo agonizaba en el descuento y parecía que la eliminatoria expiraba sin remedio.
Ahora, el camerunés ha rendido homenaje a la que fue su ciudad en un regreso muy particular, en el que no ha faltado una parada ante el retablo cerámico de la hermandad del Museo. De la agonía del minuto 94 en Mestalla a los pies de la Expiración y de las Aguas, las mismas que él le aguó al Valencia aquella noche.
Una vuelta por Nervión
El regreso de M’Bia a Sevilla se produjo este pasado fin de semana, y él mismo se encargó de anunciarlo. Su primera parada fue, cómo no, en Nervión: el camerunés compartió en sus redes sociales una imagen en el centro comercial Nervión Plaza, a escasos metros del Ramón Sánchez-Pizjuán, el estadio donde se ganó el cariño eterno de la afición.
También pasó por la tienda del Sevilla FC, desde donde lanzó un mensaje tan breve como elocuente: «He llegado». Dos palabras que bastaron para revolucionar al sevillismo. Pero su ruta no se quedó en el barrio que le vio triunfar. M’Bia ha querido recorrer también el corazón de la ciudad y detenerse ante el retablo cerámico de la hermandad del Museo, donde posó bajo la mirada del Cristo de la Expiración y la Virgen de las Aguas.
El camerunés se ha mostrado sonriente en este regreso a Sevilla celebrado por la afición del Ramón Sánchez-Pizjuán
Doce años después, M’Bia ha vuelto a la ciudad que le hizo eterno. Lo hizo como se vuelve a Sevilla: paseando por sus calles, dejándose ver en Nervión y deteniéndose ante sus devociones. Porque hay goles que, como ciertas imágenes, no se olvidan nunca. Y el suyo, en el 94′ de Mestalla, ya forma parte del patrimonio sentimental del sevillismo.




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