«Soy bético. Para un político no puede ser malo decir la verdad». La hemeroteca dejó este titular de Alfredo Sánchez Monteseirín en una entrevista del Diario As haya por el año 2003. En dicha conversación, el entonces alcalde socialista de Sevilla sacaba pecho sobre su relación con ambos clubes de la ciudad contando la anécdota de que José María del Nido dijo de él que era «el alcalde bético que más había hecho por el Sevilla FC».
Una ciudad dividida entre los clubes de Nervión y Heliópolis que se jacta de tener tres grandes estadios de fútbol en su término municipal, algo que ni siquiera podrían decir de la misma manera las ciudades de Madrid y Barcelona.
No obstante, Alfredo Sánchez Monteseirín defendía en aquella entrevista del ‹As› la idea de un estadio único, de que ambos clubes pudieran compartir recinto en La Cartuja al estilo de grandes del Calcio italiano como San Siro/Giuseppe Meazza de Milán.
«Tanto el Betis como el Sevilla deben pensar en que el estadio Olímpico es una opción para mejorar, pero nunca se debió intentar que sirviera como última esperanza ante una situación agónica», señalaba Monteisirín, que ofreció a ambos clubes históricos recalificaciones muy lucrativas de sus estadios y trató de arrinconar a ambas entidades criticando su «inmovilismo» y su desprecio al dinero del contribuyente.
Pero aquel pulso con Manuel Ruiz de Lopera y José María del Nido (y por ende con las masas sociales de ambos clubes) no lo ganó. El regidor, que a los meses de su mandato inauguró el Mundial de Atletismo de 1999 en el mal llamado por entonces como el «olímpico».
La identidad y el fútbol se entrometieron. En ese momento eran dos presidentes muy carismáticos con mucho seguimiento entre los suyos. La propuesta municipal de trasladar al Real Betis y al Sevilla FC al Estadio de la Cartuja chocó con la oposición frontal de Manuel Ruiz de Lopera y José María del Nido, frustrando los planes del Ayuntamiento. Finalmente, el proyecto se iría metiendo en el cajón mientras entre eventos de distinta índole se le iba buscando un sentido al estaido.
La victoria del destino
Curiosamente, ahora en 2026 y ya sin la lejanía entre gradas y pista de atletismo, el panorama ha cambiado ante la perspectiva de que ambos equipos convivan. Podrían coincidir en el recinto de La Cartuja por las obras en sus respectivos estadios, y vuelve a sonar la idea que tanto Rojas Marcos como Sánchez Monteseirín defendían con ímpetu.
Aunque el político socialista fracasó en su intento de imponer el modelo de los grandes equipos Calcio por decreto, el tiempo le ha terminado dando una razón puramente práctica. Hoy en día, el fútbol moderno obliga a los clubes a reformar sus estadios para convertirlos en recintos comerciales del siglo XXI. ¿Y qué ha pasado?
El Real Betis se ha tenido que mudar a La Cartuja temporalmente debido a las obras de demolición y reconstrucción de la grada de Preferencia del Benito Villamarín. El Sevilla FC contempla exactamente el mismo camino a corto plazo para la edificación de su nuevo Ramón Sánchez-Pizjuán
Por lo tanto, Monteseirín no logró que compartieran estadio como modelo definitivo, pero demostró una visión de futuro: La Cartuja era una infraestructura necesaria para la ciudad que, tarde o temprano, el fútbol sevillano iba a necesitar para poder seguir creciendo.
El alcalde que echó los dientes como aficionado en el Gol Norte del Benito Villamarín y que vibró con Gordillo, Cardeñosa o Poli Rincón en aquellos Betis de antaño no pudo conciliar la idea de que cada semana hubiera un gran partido en el mismo recinto. Al menos, intentó llevar la verdad por delante.
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