Felipe González ha vuelto a hablar. El expresidente del Gobierno ha dicho en un acto en Andalucía que votará en blanco ante su desasosiego con la gestión de Pedro Sánchez como líder del PSOE. «Estoy descontento con la gestión del Partido Socialista», ha asegurado durante su intervención en el octavo encuentro de líderes del Círculo Empresarial de Málaga, donde ha cuestionado el liderazgo sanchista y ha reclamado un proyecto de país que vaya más allá de la confrontación política.
«No hay un proyecto de país. Si el proyecto de país es echar a Sánchez, para mí eso no es un proyecto de país», ha afirmado González, que ha insistido en que no dejará de ejercer su derecho al voto: «Si me siento representado por alguien le voy a votar; si no, votaré en blanco. Es un voto que explica lo que siento». Su decisión, asegura, se basa en un pasado franquista en el que no se podía ejercer este derecho. «Me he pasado media vida sin poder hacerlo, no me voy a privar la otra mitad de ello», concluyó.
Crítica al Gobierno sin Presupuestos
El exdirigente socialista ha criticado también que España lleve cuatro años sin aprobar unos Presupuestos Generales del Estado y ha reclamado recuperar el consenso constitucional. En este sentido, se ha mostrado «abochornado» por el uso de la Diputación Permanente para aprobar medidas rechazadas previamente por el Congreso y ha cuestionado la gestión parlamentaria del Ejecutivo. También ha expresado sus reservas sobre la amnistía del ‘procés’ y la interpretación del delito de malversación.
Preguntado por la posibilidad de que Pedro Sánchez recupere la confianza de los ciudadanos, González ha respondido que sí, aunque ha ironizado con la influencia que podría tener el presidente argentino, Javier Milei, en el resultado electoral: «Si nos visita más Milei, es posible que gane Sánchez. Si viniera muchas veces, animaría el voto para el PSOE». El expresidente ha añadido que no votaría a la extrema derecha, a EH Bildu ni a los independentistas catalanes.
Geopolítica
Durante el encuentro, González ha advertido además de que España y el mundo atraviesan uno de los momentos de mayor incertidumbre de las últimas décadas, marcada por la geopolítica y la falta de previsibilidad de algunos liderazgos internacionales. «No se puede ser un buen gobernante sin estar dispuesto a perder votos», ha defendido, reivindicando un liderazgo orientado al largo plazo y alertando del riesgo de una crisis empresarial y de un desplome de los mercados.
«El gran drama de la democracia es que solo se aprecia cuando se pierde. Cuando aparece un maduro, o un Putin o cualquiera de los hijos de Putin», concluyó.
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