Justo el verano pasado se estrenó ‹Perejil›, una miniserie documental de tres capítulos que narraba aquella «guerra que no fue» entre Marruecos y España por aquel trozo de tierra del Peñón de Perejil. Una crisis diplomática en la que trianguló también Estados Unidos, el país que siempre está presente en las tensiones hispano-marroquíes.
«Nunca van a desistir sobre esta reivindicación», decía el director de ‹Perejil›, Tian Riba, sobre esa aspiración del Gran Marruecos que contempla no solamente territorios españoles como Ceuta, Melilla y la Islas Canarias sino una gran expansión por zonas de Argelia, Mauritania y Mali que el Reino Alauita considera que le pertenecen.
Esa idea de que nunca van a renunciar a Ceuta y Melilla es la principal conclusión que se extrae de un documental en el que incluso uno de los intervenientes señala que Mohamed VI, cuya principal misión ha sido hacer crecer la economía del país y ‹apropiarse› de la zona norte de Marruecos que era un punto más ‹rebelde›, para su heredero dejará este proyecto expansionista en el que las dos ciudades autónomas españolas son una de sus principales reclamaciones.
Cada cierto tiempo se repiten estas tensiones entre ambos países en la que Estados Unidos (ahora con el factor Donald Trump), Francia con su intento de contentar a ambas naciones pero sin saber muy bien su perfil o el Sáhara son elementos cruciales. Hace poco, Pedro Sánchez se reunía con el presidente de Argelia, algo que probablemente dentro de todo este contexto grave que se está viviendo en Ceuta y Melilla también tenga algo que haber.



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