El accidente ferroviario de Urda dejó numerosas escenas de angustia entre los pasajeros que sobrevivieron al choque. En medio del desconcierto, también hubo gestos de solidaridad de quienes no dudaron en ayudar a los afectados. Entre ellos se encontraban tres agentes de la Policía Nacional que viajaban fuera de servicio y cuya actuación ha dado a conocer el propio cuerpo policial.
José Luis, Carmela y Noelia dejaron a un lado sus respectivos viajes para colaborar en la evacuación y atender a los heridos. Los tres se encontraban en los trenes por diferentes motivos, pero acabaron implicándose en las tareas de auxilio desde los primeros momentos del accidente.
Según ha relatado la Policía Nacional en sus redes sociales, José Luis acababa de terminar su turno y regresaba a Sevilla para reunirse con su mujer y su hijo. Carmela y Noelia, integrantes de la Unidad de Atención a la Familia y Mujer (UFAM) Central, viajaban a Ciudad Real para impartir un curso sobre violencia de género. Ninguno de ellos esperaba que aquel desplazamiento terminara de esa manera.
Varios golpes a la llegada de Urda
Al llegar a la altura de Urda, se escucharon varios golpes secos. El tren había sufrido un alcance y poco después comenzó un incendio. José Luis colaboró en un primer momento en la evacuación de los pasajeros, pero al ver las llamas decidió volver a entrar por una ventana de emergencia. Cogió dos extintores y el botiquín que llevaba consigo y, con la ayuda de otro viajero, consiguió apagar el fuego.
Poco después se encontró con Carmela y Noelia. Tras identificarse como policías, los tres comenzaron a trabajar juntos para ayudar a los pasajeros. En el segundo vagón localizaron a un hombre que había quedado atrapado debajo de un asiento y, después de realizar un gran esfuerzo, consiguieron sacarlo. También atendieron a otros heridos y continuaron con la evacuación hasta la llegada de los equipos de emergencia.
José Luis calve en la ayuda con los torniquetes
La ayuda de José Luis fue especialmente importante por el material que llevaba habitualmente en su botiquín. El agente tuvo que practicar varios torniquetes a los heridos y recuerda especialmente los gritos, la confusión y la voz de una mujer que pedía ayuda desde el interior del tren.
Entre las personas a las que auxiliaron también había un pasajero estadounidense que había perdido una pierna y cuyo marido se encontraba desaparecido. Como apenas podían entenderle, los tres policías permanecieron a su lado durante horas, ayudándole a comunicarse con sus familiares y acompañándole en esos momentos.
Al principio, José Luis consiguió enviar un mensaje a casa para tranquilizar a los suyos: «Estoy bien». Después dejó de contestar. No se había olvidado de su mujer y de su hijo, sino que seguía atendiendo a personas que necesitaban ayuda. Aquel día, como recuerda la Policía Nacional, llegar a casa tuvo que esperar.




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