Los grafitis sobre el patrimonio histórico es un problema persistente que afecta a ciudades de todo el mundo. El ejemplo más claro de esta situación se encuentra en Granada, donde fachadas centenarias, murallas y monumentos de este histórico barrio se ven dañados por pintadas y grafitis que ensucian sus calles.
Esta práctica tiene su origen en la antigua Roma, donde existía la costumbre de dibujar sobre muros y columnas cualquier cosa que pasara por la cabeza a sus autores. A pesar del paso del tiempo, lo único que ha cambiado es la técnica. En la actualidad, los aerosoles y los rotuladores son los elementos fundamentales de estos creadores callejeros. Es innegable que muchas de sus obras se podrían considerar arte, pero en ocasiones, se cruzan límites en los que el lienzo elegido son patrimonios históricos. El arte deja de serlo y se convierte en vandalismo, un problema persistente en muchas ciudades.
En concreto, Granada sufre a diario estas pintadas y grafitis, pues se ha convertido en una mala tradición de turistas y visitantes de la ciudad dibujar y escribir frases en las paredes del Albaicín, un barrio que está declarado como Patrimonio Mundial de la UNESCO.
Recientemente, una de las pintadas denunciadas ha ocurrido en el Aljibe del Zenete. Este patrimonio, que es un Bien de Interés Cultural del siglo XVI, además de una de las piezas más antiguas y valiosas del barrio granadino, fue vandalizado por un turista vasco.
El autor de dicho grafiti fue identificado por la Policía Local de Granada en colaboración con la de Vitoria-Gasteiz y se enfrenta a una denuncia por un delito contra el patrimonio, que podría acarrear una multa de entre 3.000 y 15.000 euros para infracciones graves, pudiendo alcanzar los 30.000 euros en los casos muy graves.
170.000 euros para la limpieza de grafitis en Granada
Afortunadamente, una intervención exprés ha permitido borrar las pintadas y devolver a este histórico y valioso aljibe mudéjar su imagen original en tiempo récord. El Ayuntamiento de Granada tiene reservados en su presupuesto 170.000 euros para un plan de limpieza de grafitis hasta final de año.
Pero, más allá del alto coste económico que supone el proceso de limpieza de estos grafitis, cada pintada vandálica provoca un desgaste irreversible en la piedra. Por esta razón, las autoridades insisten en que la vigilancia ciudadana y la educación son las únicas vías para proteger la historia frente a la falta de civismo.
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