Mientras la mayoría dormía, el túnel de Cerro Lechón, en la AP-46, se transformó en el escenario de un siniestro de gran complejidad. No fue real, pero sí lo fueron los medios desplegados: la Agencia de Emergencias de Andalucía (EMA), dependiente de la Consejería de Presidencia, Sanidad y Emergencias, organizó este jueves un simulacro para comprobar cómo responderían los equipos ante un accidente con sustancias peligrosas en el interior de un túnel de carretera.
¿Qué se simuló?
El supuesto planteaba un choque en sentido Málaga entre un camión cisterna y dos turismos, uno eléctrico y otro de gasolina o gasóleo. El vehículo pesado transportaba 23.000 litros de hipoclorito sódico al 12,5 %, un producto químico corrosivo que, en concentraciones mucho menores, es la base de la lejía doméstica. Tras el impacto, el camión quedaba volcado y su carga se derramaba por la calzada, mientras el coche eléctrico ardía. El balance ficticio dejaba nueve personas heridas de distinta gravedad y una fallecida, papeles interpretados por figurantes.
La combinación no es casual. Un túnel es un espacio cerrado donde el humo, los gases y el calor se concentran con rapidez, y los incendios de vehículos eléctricos plantean dificultades específicas para su extinción. Sumar a eso una fuga química obliga a coordinar con precisión a bomberos, sanitarios y fuerzas de seguridad.
Corte de tráfico de madrugada
Para llevar a cabo el ejercicio, la circulación en la AP-46, la autopista de peaje que une Las Pedrizas con Málaga, quedó interrumpida desde la medianoche hasta aproximadamente las 03:30 horas. A esa hora terminaron las maniobras y, tras verificar que la vía estaba en condiciones seguras, se reabrió al tráfico. La elección de esa franja horaria buscaba reducir al mínimo las molestias a los conductores.
¿Cómo se organizó la respuesta?
El simulacro supuso la activación del plan autonómico específico para accidentes en el transporte de mercancías peligrosas por carretera, en su Situación Operativa 1. También entraron en funcionamiento el plan de autoprotección del propio túnel y los planes de emergencia municipales de Casabermeja y Almogía, las dos localidades del entorno.
El centro de operaciones sobre el terreno, conocido como Puesto de Mando Avanzado, se ubicó en el Centro de Control de la AP-46. Desde allí, los responsables de cada servicio dirigieron la intervención y se mantuvieron en contacto permanente con el centro de coordinación del 112 Andalucía en Málaga. Uno de los objetivos principales era precisamente comprobar que la información fluye sin interrupciones entre ambos puntos y que los recursos llegan a tiempo.
Sobre el terreno, los equipos apagaron el fuego, contuvieron el vertido químico, liberaron y evacuaron a las personas atrapadas y atendieron a los heridos. En paralelo, se gestionaron las comunicaciones y se revisaron los posibles desperfectos en las instalaciones del túnel.
¿Quién participó?
En total intervinieron 68 personas de 19 organismos, con hasta 44 vehículos y equipos materiales. Por parte de la EMA estuvieron Protección Civil, el 112 y el Grupo de Emergencias de Andalucía (GREA). Junto a ellos trabajaron el Consorcio Provincial de Bomberos de Málaga, el 061, la Guardia Civil, la Unidad de Policía Nacional Adscrita a la Junta, la Policía Local de Málaga, Cruz Roja y agentes de Medio Ambiente.
Además, acudieron representantes de la Dirección General de Tráfico, de la Dirección General de Carreteras del Ministerio de Transportes, el responsable de seguridad del túnel y personal de Guadalcesa, la empresa que gestiona la autopista.
La importancia del simulacro
Las carreteras andaluzas son paso habitual de camiones con productos químicos, combustibles y otras mercancías peligrosas, tanto en los accesos a grandes ciudades como Sevilla o Granada como en los corredores que conectan con los puertos de Cádiz y Almería. Por eso, este tipo de ensayos sirve para revisar protocolos que son comunes en toda la comunidad.
Según la Junta, estos ejercicios forman parte del mantenimiento periódico de los planes de emergencia y autoprotección. Su propósito es medir si los procedimientos funcionan, identificar qué aspectos pueden mejorarse y afinar la actuación conjunta de todos los servicios ante un suceso de estas características.




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