El sector ferroviario de CGT en Málaga ha hecho un llamamiento a la ciudadanía para rodear la estación María Zambrano, conocida como Vialia, el próximo viernes 6 de noviembre a partir de las 18.00 horas. La movilización busca reclamar un tren «seguro, social, público y sostenible» y denunciar lo que el sindicato considera un abandono del ferrocarril.
La convocatoria llega apenas nueve días después del accidente de Urda (Toledo), el siniestro que ha vuelto a poner la seguridad ferroviaria en el centro del debate público. «La seguridad en el transporte ferroviario no puede esperar», advierte CGT en su comunicado.
Un recorrido de espaldas
La marcha arrancará en la puerta de Vialia situada junto a la estación de autobuses, en la calle Mendívil. Desde allí, los participantes avanzarán despacio y caminando hacia atrás hasta llegar a la explanada del hotel Barceló, en la Carretera de Cádiz, donde terminará la protesta.
El formato no es casual. Con este paso atrás, el sindicato quiere escenificar la situación que, a su juicio, vive el sector. «Vamos ‘de culo y sin frenos'», resume CGT, que anima a los malagueños a sumarse para «gritar frente al abandono ferroviario».
«Vamos ‘de culo y sin frenos’», sostiene el sector ferroviario de CGT para explicar el formato de la protesta
Urda, una semana después
El accidente se produjo el miércoles 28 de octubre, poco antes de las 9.00 horas, cerca de la estación de Urda. Un AVE de Renfe que cubría la ruta Madrid-Sevilla alcanzó por detrás a un tren de Iryo que estaba detenido en la vía. El balance oficial es de 69 fallecidos y más de 180 heridos.
La investigación se centra en una cadena de fallos posterior a la caída del sistema de seguridad LZB, que dejó un tramo de 69 kilómetros sin esta protección con varios trenes en circulación. El control de Adif en Atocha autorizó después la reanudación de la marcha, una decisión que el entonces ministro de Transportes, Óscar Puente, calificó de «inexplicable». Puente presentó su dimisión el pasado 3 de noviembre, tras comparecer en el Congreso.
El golpe se nota también en Málaga: Renfe bloqueó la venta de billetes del corredor de Andalucía hasta diciembre.
Impotencia y rabia
Uno de los rostros de la protesta es el ferroviario malagueño Miguel Montenegro, responsable del sector ferroviario de CGT en Andalucía. En declaraciones tras la tragedia de Urda, Montenegro cargó contra la gestión de las empresas públicas del sector: «La política tiene que desaparecer de las empresas públicas». A su juicio, compañías tan técnicas como las ferroviarias están dirigidas por personas «que no tiene ni idea del ferrocarril».
El sindicalista describió una plantilla que trabaja en «condiciones ínfimas y falta de personal y de medios» y lamentó que sus advertencias no se hayan escuchado: «Estamos hartos de decirlo». Montenegro también rechazó la versión de Puente, que atribuyó el siniestro a un error humano del controlador de Atocha, y aseguró sentir «impotencia y rabia» ante lo ocurrido.
«La política tiene que desaparecer de las empresas públicas», reclama el ferroviario malagueño Miguel Montenegro
Memoria de las víctimas
La cita del viernes tendrá también un componente de homenaje. Tanto al inicio como al final del recorrido se guardará un minuto de silencio en recuerdo de las víctimas de los últimos accidentes ferroviarios.
Urda se suma a la tragedia de Adamuz (Córdoba), ocurrida el 18 de enero, cuando los tres últimos vagones de un Iryo que cubría el trayecto Málaga-Madrid descarrilaron y fueron embestidos por otro convoy de Renfe que circulaba en sentido contrario por la vía paralela. Aquel siniestro dejó 46 fallecidos.
Segundo cerco a la estación
No es la primera vez que CGT rodea Vialia. El sindicato ya organizó una marcha similar el 9 de febrero, pocas semanas después de Adamuz. Aquella jornada coincidió con la huelga de tres días que el sector federal ferroviario de CGT convocó del 9 al 11 de febrero para exigir un cambio inmediato del modelo ferroviario que pusiera por delante la seguridad de plantillas y viajeros.
Según Montenegro, el colectivo se sintió «traicionado» tras aquella crisis por el acuerdo que se cerró entonces con el Gobierno y el sindicato de maquinistas Semaf, cuyo incumplimiento ha derivado en nuevas huelgas.
En la movilización de febrero, los participantes recorrieron las calles cercanas a la estación tras una pancarta con un mensaje directo: «En defensa del empleo y del tren. Ni desmantelamiento ni privatización».
«Muertes en el ferrocarril, nunca más», reza el lema con el que el sindicato cierra su llamamiento
CGT defiende un modelo ferroviario público y social frente a lo que considera un progresivo desmantelamiento del servicio. El sindicato reclama más inversión en seguridad y mantenimiento, y une esa demanda a la defensa del empleo en el sector.
La organización cierra su convocatoria con un lema que resume el espíritu de la protesta: «Muertes en el ferrocarril, nunca más».




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