El Real Betis protagonizó un final de mercado frenético en el que dio salida a Gonzalo Petit por la mañana y anunció a Dani Ceballos pasada la medianoche, pero la imagen del día tenía nombre y apellidos: Pablo García, tras 15 años, se marchaba del conjunto verdiblanco.
El atacante jugará en el Racing de Santander hasta el año 2030 y después de que los cántabros abonaran cinco millones y medio de euros más bonus por el 50% de los derechos del sevillano, que se marcha de Heliópolis siendo el máximo goleador de la historia de la cantera verdiblanca.
Con el ‘disgusto’ ya digerido, el delantero ha viajado en la mañana de este miércoles a Santander, desde donde ha publicado una serie de fotografías acompañadas de un texto emotivo en el que se despide de la afición y remarca su beticismo.
La carta de despedida
«Llegué al Betis con cinco años. Me voy después de casi catorce creciendo con estas trece barras. Aquí aprendí a jugar, a competir, a perder, a ganar y a soñar. Pasé por todas las categorías de la cantera bética hasta cumplir el sueño de debutar con el primer equipo», comienza la carta más dura de redactar para Pablo García.
Me voy orgulloso de todo lo vivido, agradecido a cada persona que formó parte del camino y con la certeza de que esto siempre será parte de mí
El canterano también repasa su trayectoria por todas las categorías desde prebenjamines: «Viví goles especiales y momentos que me acompañarán siempre. El Betis ha sido mi casa desde niño. Y ahora, aunque toque seguir mi camino, hay algo que no cambia. Llegué siendo un niño bético y me voy siendo futbolista».
La viva imagen del desconsuelo
Todo ocurrió muy rápido, como confirmó su padre, Ramón García, en el Partidazo de COPE, cuando fue preguntado sobre cómo se había gestionado su salida del Betis. Unas horas antes, tras oficializarse su venta, Pablo García se acercó a la ciudad deportiva Luis del Sol, donde estaban todos los periodistas que cubrían la actualidad del conjunto heliopolitano, para recoger sus cosas.
Al entrar en el edificio, el canterano, que iba acompañado de su madre, que era la que conducía el vehículo, mostraba una cara seria y de malestar. Sin embargo, la imagen que ya ha dado toda la vuelta al planeta llegó cuando salía del Luis del Sol.
Pablo García lloraba desconsolado cuando se marchó la obnubilación de ir a un nuevo destino y recordó que tenía que abandonar el que había sido su hogar durante los últimos 15 años. En Santander cobrará cuatro veces más y seguramente tenga más minutos, pero nunca es fácil dejar tu casa.



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