Écija (Sevilla) atesora bajo su casco urbano una de las colecciones de mosaicos romanos más importantes conservadas en España. El subsuelo de la ciudad, asentada sobre la antigua Astigi, ha entregado a lo largo de las últimas décadas una veintena de estos pavimentos decorados, con una superficie conservada que ronda los 400 metros cuadrados. Los arqueólogos calculan que la extensión original pudo alcanzar los mil metros cuadrados, una cifra que da idea de la magnitud del patrimonio que aún permanece bajo tierra.
Una colonia privilegiada
El origen de esta riqueza artística se explica por el rango administrativo y la posición económica que tuvo la ciudad en época romana. Así lo resume el arqueólogo municipal de Écija, Sergio García-Dils, en declaraciones a EFE: «Écija es una ciudad romana que tenía en su día un estatuto colonial, es decir, era el máximo rango estatutario que podía tener una ciudad romana, y además una economía bastante pudiente, bastante saneada». Ese estatus de colonia situaba a Astigi entre los núcleos urbanos de mayor prestigio de toda la Bética.
«En los últimos 25 años hemos recuperado hasta una veintena de mosaicos de todo tipo, lo que supone una superficie conservada de en torno a los 400 metros cuadrados», explica el arqueólogo municipal
El motor del aceite del Imperio Romano
La base de esa prosperidad estaba en el campo. Écija se convirtió en un centro exportador de aceite de oliva a gran escala, un producto que llegaba a distintos puntos del Imperio romano. Según García-Dils, esta actividad comercial se tradujo en dos efectos directos sobre la vida de la ciudad: por un lado, generó el capital necesario para costear una decoración doméstica de calidad; por otro, abrió una vía constante de contacto con el resto del Mediterráneo.
«Ese flujo continuo de mercancías, de embarcaciones, de personal, facilitaba que la ciudad estuviese a la última moda», apunta el arqueólogo, en referencia al modo en que el comercio también importaba tendencias artísticas y modelos decorativos de otras regiones del Imperio.
El arte del detalle
Los mosaicos de Écija no solo destacan por su extensión, sino por la información que aportan incluso en su estado más fragmentario. García-Dils pone como ejemplo un pavimento en el que apenas se conserva una línea de la composición, suficiente para reconstruir su diseño original.
«Con la conservación de esta línea ya podemos deducir que tendría un elemento circular en la parte central de la composición y que estas figuras, relacionadas con las estaciones del año, estarían en los cuatro ángulos. Solamente se ha conservado una, pero con absoluta seguridad lo sabrían todos los ángulos», explica señalando el mosaico en cuestión mientras su equipo trabaja sobre la gran pieza.
Ese tipo de deducciones, extraídas de fragmentos mínimos, es habitual en el trabajo arqueológico que se desarrolla en Écija desde hace años. Cada intervención en el subsuelo del casco histórico —ya sea en solares, edificios públicos o viviendas privadas— tiene el potencial de sacar a la luz nuevos restos de esta trama urbana romana, en la que los mosaicos funcionan como una ventana directa a la vida cotidiana, el gusto estético y el nivel económico de sus antiguos propietarios.
Un patrimonio bajo tierra
Uno de los ejemplos más recientes de este patrimonio oculto se localiza en el propio edificio consistorial. Bajo el sótano de la sede del Ayuntamiento de Écija, en una excavación desarrollada sobre una superficie de 250 metros cuadrados, han sido encontrados un mosaico de 40 metros cuadrados, restos de unas termas, basamentos de columnas de gran tamaño y unos 2.000 fragmentos cerámicos que han ayudado a datar el mosaico en la primera mitad del siglo III.
Los trabajos de recuperación han corrido a cargo de un equipo íntegramente ecijano, formado por la restauradora Azahara Lora y los arqueólogos Carmen Andújar y Pedro Gómez, bajo la dirección de García-Dils. Este tipo de intervenciones confirma que buena parte del subsuelo del centro histórico sigue guardando restos de la trama urbana romana, a la espera de ser documentados.
La combinación de estatuto colonial, riqueza agrícola y apertura comercial convirtió a la Écija romana en una ciudad singularmente próspera, cuya huella artística sigue emergiendo, pieza a pieza, más de dos mil años después.



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