En Sevilla nada se entiende sin su Semana Santa. Sobre cualquier alcalde hay un balance sobre cómo ha sido su relación con unas instituciones y un mundillo que puede marcar cualquier mandato en Plaza Nueva: las cofradías y los ‹capillitas›.
En el caso de Alfredo Sánchez Monteseirín hay dos puntos claves respecto a esta gran ‹industria› de la ciudad: el impulso del CECOP tras la Madrugá del Pánico en el año 2000 que luego se trasladaría para la gestión de la Feria y la nueva estética urbana que aportó la peatonalización de enclaves importantes de la ciudad.
El mando único del CECOP a partir de 2001
El CECOP (Centro de Coordinación Operativa) del Ayuntamiento de Sevilla fue la respuesta política e institucional que se dio a la famosa ‹Madrugada de las carreritas› al inicio del milenio. Con Sánchez Monteseirín como alcalde llegó en 2001 aquella fórmula como interlocutor válido con el Consejo de Cofradías y Hermandades de la ciudad de Sevilla.
Alrededor de las cinco y media de de la mañana de aquella Madrugá del año 2000, una oleada de falsas alarmas simultáneas desencadenó brutales desbandadas y estampidas humanas colectivas por todo el centro de la ciudad. Aquello marcó a la ciudadanía sevillana.
Hasta la fecha, cada cuerpo (Policía Local, Policía Nacional, Protección Civil, Bomberos, Cruz Roja o servicios sanitarios) planificaba de una forma distinta su operativo de Semana Santa. Pero aquella complicada noche cambió la gestión de las procesiones en Sevilla y hasta en el resto de Andalucía donde se han imitado modelos parecidos al del CECOP.
La idea era la de plantear un mando único, un plan de seguridad bien coordinado poniendo a todos los recursos a funcionar de una forma muy cohesionado para una fiesta que cambia la ciudad por completo durante una semana.
Fue entonces a partir de aquel año 2000, cuando de la mano del CECOP auspiciado por Sánchez Monteseirín, se empezaron a plantear límites en calles estrechas, aforamientos, vigilancias ayudadas por la tecnología o a que se tuviera una voz para decidir sobre horarios y recorridos. También se empezó a poner coto a botellonas y a plantear medidas importantes ante el paso de cofradías por puntos calientes.
Para aquella tarea del CECOP, el alcalde socialista CONTÓ Faustino Valdés, un técnico de la Junta de Andalucía especializado en Protección Civil y un gestor con capacidad para organizar un órgano de coordinación entre todas las fuerzas con competencias.
Una nueva estética urbana para los pasos
Las transformaciones urbanas auspiciadas por Sánchez Monteseirín también tuvieron su impacto sobre la Semana Santa. Fue el regidor que planteó el rediseño urbano del entorno de La Encarnación, el conocido como el proyecto Metropol Parasol (conocido popularmente como las Setas).
Las Setas no son solamente el símbolo de la Sevilla moderna sino que conviven a la perfección con las numerosas de cofradías que están ya acostumbradas a este nuevo paisaje urbano en su camino de ida o de vuelta a la Catedral durante sus estaciones de penitencia.
Aunque igual de decisivo o más fue la peatonalización de la Avenida de la Constitución, que acabó dando un mayor resultado estético al caminar de las hermandades de Sevilla por la Carrera Oficial. En este punto, una de sus polémicas con el Consejo fue el Metrocentro, del que hubo que desmontar las catenarias durante años para el paso de las procesiones.
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