El Zephyr es un avión solar de 25 metros de envergadura y apenas 75 kilos. Ostenta el récord mundial de permanencia en el aire para aeronaves de ala fija: más de 67 días sin tocar tierra. Es decir, más de dos meses ahí arriba, en la estratosfera, a entre 18 y 20 kilómetros de altura. Y lo más importante es su utilidad: puede devolver la cobertura móvil a zonas aisladas o golpeadas por una catástrofe. El cerebro de la aeronave es andaluz. La empresa Aertec se encarga del diseño y la fabricación del sistema de control de vuelo y de las comunicaciones de esta aeronave pionera, desarrollada por Aalto, filial británica de Airbus.
101TV ha visitado el centro de Aertec en el parque aeronáutico Aerópolis, en La Rinconada (Sevilla), donde esta destacada firma, con base entre Málaga y Sevilla, trabaja en el futuro de la aeronáutica. Rafael Márquez, director de desarrollo de negocio de la compañía, explica cómo funciona este pseudosatélite y lo que supone para la industria andaluza.
«Es todo un orgullo que desde Andalucía, desde Málaga y desde Sevilla, podamos ser partícipes de un proyecto que mundialmente es tan avanzado. Prácticamente estamos hablando del estado del arte de este tipo de aeronaves, los HAPS, High Altitude Pseudo Satellites», explica Márquez sobre un proyecto que supone un auténtico reto y que ya ha generado un gran impacto mediático.
Dónde vuela el Zephyr
Una de las particularidades de esta aeronave es que vuela en una franja que casi nadie usa: muy por encima de los aviones comerciales y muy por debajo de los satélites. Lo hace a entre 18 y 20 kilómetros de altura, el doble que un avión de pasajeros. Por eso se le llama «pseudosatélite». AALTO bautiza esa zona como ‘Stratospace’ y sostiene que desde allí el Zephyr funciona como una «torre en el cielo».
Cómo es el avión
Las imágenes distribuidas por las compañías muestran un aparato singular. Mide 25 metros de punta a punta de las alas, una envergadura parecida a la de un avión regional de pasajeros, y pesa alrededor de 75 kilos. Es decir, tiene alas de avión de pasajeros y pesa lo que un adulto medio.
Cómo aguanta más de dos meses en el aire
El récord del Zephyr ya va por 67 días de vuelo. La clave es que funciona como un móvil que nunca se apaga: de día vuela con energía solar y guarda lo que le sobra en baterías, y de noche tira de esas baterías hasta que vuelve a salir el sol.
«La operación es cíclica: durante el día, toda la potencia que recibe la utiliza para el vuelo, pero la energía sobrante la va acumulando. Durante la noche, cuando ya no recibe directamente la energía solar, tira de esos acumuladores, que al final son unas baterías, y puede seguir navegando», relata Rafael Márquez.
¿Le benefician las horas de sol de un lugar como Andalucía? No especialmente. Como vuela por encima de las nubes, recibe una radiación parecida esté donde esté.
¿Para qué sirve?
Da cobertura donde no la hay o donde se ha caído, por ejemplo tras un terremoto o una dana, y actúa como «relé de comunicaciones» para los equipos de emergencia y rescate. Según Altoo, puede cubrir una zona de hasta 7.500 kilómetros cuadrados, una extensión similar a la de toda la provincia de Málaga. También sirve para vigilancia, observación del terreno y usos de defensa.
¿Qué aporta Aertec?
Nada menos que el «cerebro» y el «sistema nervioso» del avión. El flight control computer coordina las superficies de control y los motores para que vuele estable siguiendo su plan de vuelo. El gestor de comunicaciones lo mantiene conectado con tierra y con los satélites. El encargo de Aalto cubre desde el diseño y el desarrollo hasta la fabricación, la entrega de los equipos y el mantenimiento posterior, y todo saldrá del centro de Aerópolis.
¿Por qué es difícil?
Allí arriba, en la estratosfera, el aire es muy poco denso, las temperaturas son extremas y el sistema tiene que funcionar día y noche durante semanas sin que nadie pueda tocarlo. Ese es el reto que ha asumido el talento andaluz con el cerebro del Zephyr, un avión llamado a desempeñar un papel relevante en emergencias, conectividad y defensa.




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