La sonrisa de Paco Roca (Valencia, 1969) esconde años de reciclaje. «Te vas formando como lector y, después, como autor», resuelve tras echar un vistazo en el baúl interno de sus recuerdos. Allí guarda las viñetas de Astèrix, de Tintín y las que llevaban la inconfundible firma de Ibáñez. «Eran mis lecturas y, seguramente, también de los superhéroes, pero soy más consciente de este tipo de cómic», expone. Fue el inicio del viaje del autor, ilustrador e historietista, que se subió en al tren de los tebeos en la parada del contenido erótico y terminó, con la Medalla de Oro del Mérito a las Bellas Artes, llevando a Batman de vacaciones a Benidorm.
Roca dialoga con calma con 101TV, quién sabe si no lo hace mientras esboza mentalmente alguna viñeta. Porque él encuentra en lo rutinario, en el día a día, la inspiración con que luego llena las páginas de sus novelas gráficas. «Si me gusta Spider-Man, quizás también fue porque ya me gustaban en aquel momento las historias y las cosas cotidianas, que a fin de cuentas es lo que sigo contando a día de hoy», afirma.
Su última obra, ‘El Viaje’, se desarrolla precisamente a partir de algo tan cotidiano como un vuelo cancelado. Desde esa terminal, el autor hilvana una historia que abunda en la memoria y las rupturas sentimentales. Pero ese trayecto comenzó con la afición por leer clásicos a todo color. «Seguramente aprendí el lenguaje del cómic con los de Bruguera, que los copiaba tantas veces», traza una mueca risueña el valenciano. «Todo eso te va formando», apunta.
Sin embargo, hasta que pudo empezar a narrar en viñetas sus propias historias, primero hubo de hacer una mili publicitaria. «Cerca de 20 años los dediqué a la publicidad. Y aprendí muchísimo, a dibujar, a muchísimas cosas. Pero el ritmo de la publicidad, que es todo muy urgente, casi que de un día para otro, las exigencias de los clientes… Acabas aborreciendo un poco todo ese mundo», recuerda el ilustrador.
Extrajo lecciones de aquella etapa que ahora emplea para ganar eficiencia, pero lo que Paco Roca buscaba era una salida. Y la encontró en el lugar menos esperado. «Quería dejar el mundo de la publicidad, estaba harto de aquellos encargos y de aquel ritmo. Quería dedicarme a los cómics, pero en aquella época, a finales de los 90, habían desaparecido prácticamente todas las revistas donde a mí me hubiera gustado publicar», recuerda. «Solamente quedaban dos, de la misma editorial, La Cúpula. El Víbora, donde publicaban lo mejor nacional y extranjero, y había otra revista que era el Kiss Comix. Estaba empezando y necesitaban dibujantes», apunta. Fue en esta segunda donde encontró una oportunidad, una publicación de contenido erótico que le permitió adentrarse en un nuevo mundo.
Una revista de contenido explícito para salir de la publicidad
«Para mí fue una manera de empezar y hacerme profesional. Fue una manera de entrar en el mundo de los cómics. Con el tiempo, lo dejé y pasé al Víbora. Continué mi carrera, pero tengo cariño a aquella época en la revista pornográfica», resuelve. Ya entonces rondaban por su cabeza ideas que se escapaban del concepto del tebeo de toda la vida. Iban más allá, aunque entonces no se había propagado demasiado su denominación. «La novela gráfica era un término nada común», apunta. «Digamos que dentro de esa colección en la que acabé publicando se estaba empezando a conocer lo que después se conocería como novela gráfica. Cambió bastante lo que entendemos por cómics y también los lectores», narra.
Conseguí vivir del cómic con el cómic con el que menos lo esperaba, con uno de ancianos, con una temática tan poco corriente.
Pero el gran punto de inflexión en la carrera de Paco Roca llegó en 2007. «Probé todos los palos para poder dejar la publicidad: superhéroes, cómic de todo tipo, mercado francés… Intenté todos los caminos que tenía al alcance para poder vivir del cómic», relata. La llave estaba en la reflexión sobre la vejez de Arrugas. «Lo conseguí con el que menos lo esperaba, con uno de ancianos, con una temática tan poco corriente. Funcionó muy bien, no solo en España, sino en todo el mundo», se congratula.
«Eso me permitió dejar la publicidad y la libertad, a partir de entonces, de poder hacer el tipo de cómic que me apetezca», sonríe. Y lo que quería era trazar novelas gráficas. «Es una especie de libertad de autor. La industria del cómic, el desarrollo hasta esto que llamamos novela gráfica, era un tipo de cómic muy rígido. Siempre era todo por entregas, prácticamente, en Europa, Estados Unidos y Japón», diferencia. «Esto nos permite hacer historias de 100, 200 ó 500 páginas. Las hacemos en blanco y negro si queremos», ahonda.
Las vacaciones de Bruce Wayne
Fue esa libertad, aunque esta vez bajo el estrecho marcaje de DC Cómics, la que le llevó a plasmar algo inimaginable: el mismísimo Batman, de vacaciones por la Costa Blanca. «Fue toda una experiencia. Ya había trabajado antes haciendo superhéroes, pero de una forma muy discreta, coloreando portadas, interiores y cosas así, pero nunca me habían dejado un personaje para hacer lo que quisiera con él», aclara.
Cuando trabajas con Batman, lo haces con algo que te supera a ti y va más allá de lo que vayas a hacer.
Se le ocurrió llevárselo ni más ni menos que a Benidorm, donde se encontraron con el Caballero Oscuro en plena desconexión. «Lo bonito de esto, que también tiene sus limitaciones, es que un personaje como Batman tiene una larga historia detrás. Entonces, cuando trabajas con él, lo estás haciendo con algo que te supera a ti, que va más allá de lo que tú vayas a hacer», reconoce. «Es muy divertido sacarlo de su contexto, porque no es algo nuevo que colocas en un contexto extraño y no tiene ningún interés, pero aquí, cuando tienes un personaje, con su larga historia, y lo colocas en un entorno y contextos diferentes, de repente es algo muy chocante», abunda.
Ahora, Paco Roca deja a Bruce Wayne comiendo paella y se embarca en un nuevo viaje, muy profundo y personal, en una continua «búsqueda del autor». «Normalmente, nunca haces una obra con unas respuestas, sino que el arte en sí es el camino para intentar encontrar respuestas», precisa. «De mis personajes y mis historias aprendo mucho, porque el punto de partida era precisamente querer aprender», concluye.



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