Más de 470 personas han muerto y cerca de 1.500 permanecen desaparecidas tras la enorme riada que afectó este miércoles a distintas zonas de Nepal y Tíbet. Entre los desaparecidos se encuentran cuatro ciudadanos españoles, según el último balance ofrecido este jueves por el Ministerio de Exteriores, a través de un mensaje enviado por el ministro, José Manuel Albares.
Dificultades para encontrar supervivientes
La magnitud de la catástrofe ha complicado las labores de búsqueda y rescate, especialmente en una zona montañosa y de difícil acceso. La mayoría de las personas que continúan desaparecidas serían excursionistas que se encontraban recorriendo una de las principales rutas que conectan Nepal con el Tíbet. Muchos de ellos buscaban un viaje de desconexión espiritual o acudían a templos por motivos religiosos y fueron sorprendidos por la catástrofe.
El corredor afectado es utilizado habitualmente por grupos autorizados que realizan desplazamientos entre la capital de Nepal y distintas zonas del Tíbet. Por esta vía circulan numerosos excursionistas que se dirigen hacia Lhasa o el Everest, pero también peregrinos que viajan hacia el monte Kailash y el lago Manasarovar, considerados lugares sagrados para el hinduismo.
El desprendimiento que desencadenó la riada ha provocado la formación de dos enormes lagos naturales, situados a ambos lados de la frontera entre Nepal y China. Estos embalsamientos suponen ahora uno de los principales peligros en la zona. Las precipitaciones que siguen registrándose podrían aumentar el nivel de estos lagos hasta provocar nuevos desbordamientos.
Primeros avances en el origen de la tragedia
En un primer momento, el Servicio Geológico de Estados Unidos detectó un movimiento sísmico que hizo pensar que un terremoto podía estar detrás de la catástrofe. Sin embargo, posteriormente el organismo revisó su análisis y reclasificó el fenómeno como el rastro sísmico producido por un gigantesco deslizamiento.
Las imágenes obtenidas por satélite han permitido reconstruir parte de lo ocurrido. Según estas observaciones, una parte del glaciar de Langtang Lirung se desprendió a unos 5.200 metros de altitud. La enorme masa de hielo y roca cayó aproximadamente 1.200 metros hasta alcanzar el fondo del valle.
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