Darío Silva es uno de los míticos delanteros de la historia del Málaga CF. Él y su pareja de goles, Dely Valdés, formaban una pareja de ataque de ensueño y cuando estaban juntos parecían una máquina perfecta de hacer goles. En el programa ‹Fix Fútbol› el exjugador ha acudido para ser entrevistado y ha reconocido que, en una noche loca por Marbella, compró «una discoteca para así no pagar las entradas».
Además, el ariete aclara que su vida cuando jugaba en la Costa del Sol era: «De doce de la noche a seis de la mañana fiesta, desayunaba, y a las ocho llegaba al entrenamiento, entrenaba dos horas y luego dormía durante toda la tarde». El futbolista llevaba una vida en la ciudad malacitana que estaba en las antípodas con la vida saludable que debe seguir un jugador de élite, aunque su talento era tan grande que ni siquiera esos malos hábitos frenaban el hambre de gol del talentoso delantero.
Durante el programa contó una de tantas anécdotas que tiene de cuando él jugaba al fútbol y tenía esa manera tan peculiar de entender la vida que mezclaban el fútbol y la noche. El uruguayo contó sin pelos en la lengua todo tipo de historias, entre ellas la que tiene con la noche malagueña, y quizás este estilo, aparentemente desaconsejable para un profesional del deporte, es lo que hizo que, junto a su dupla Dely Valdés, hiciese historia con sus goles en el equipo de Martiricos.
Dario Silva, una leyenda que se fraguó a base de goles
El impacto de Darío Silva en el Málaga marcó una época dorada a partir de 1999, año en el que dejó el Espanyol para liderar la progresión del club en la máxima categoría. A lo largo de cuatro campañas con el equipo blanquiazul, el ariete registró 37 goles en 115 partidos oficiales, firmando 36 de ellos en Primera División. Esta cifra lo mantiene como el segundo máximo artillero histórico de la entidad en la élite, situándose únicamente por detrás de Dely Valdés, con quien formó la legendaria dupla atacante bautizada como la ‘Doble D’.
Más allá de su emblemática etapa en la Costa del Sol, el delantero fue una de las caras más representativas del balompié uruguayo entre finales de los 90 y principios de los 2000. Además de vestir la camiseta de su selección en 49 encuentros, dejó su impronta en clubes de primer nivel como Peñarol, Cagliari, Sevilla y Portsmouth.



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