Este miércoles 14 de octubre se cumple el aniversario de un suceso que habla de un fracaso colectivo como sociedad: hace justo un año se suicidó la adolescente sevillana Sandra Peña a sus 14 años después de haber sufrido acoso escolar.
El testimonio vital de aquella nazarena de la Hermandad de los Dolores del Cerro, de aquella niña que disfrutaba con los triunfos de un Betis que un año después viste de Champions, ya está sirviendo para ayudar a otras personas jóvenes en situaciones similares.
«Sandra Peña ya está salvando vidas», concluye entre lágrimas su madre Zara Villar tras explicar cómo un mensaje que recibió en redes sociales le puso sobre la pista de una joven que sufría algo pareecido a lo de su hija. La muerte de esta escolar, cuya vida se truncó demasiado pronto, volvía a poner foco en un fenómeno intergeneracional como el del llamado bullying (la persecución verbal y a veces física contra estudiantes) que en la era moderna se ve acelerado por el combo de las redes sociales y el manejo negativo de las mismas.
Un problema del conjunto de la sociedad
La desaparecida Sandra Peña se ha convertido en la cara que visibiliza el drama del acoso escolar, un calvario que antes que ella sufrieron muchos otros niños y jóvenes y que, por desgracia, sigue y seguirá ocurriendo.
La cuestión es si el conjunto de la sociedad (la administración, el sistema educativo, las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado, los adultos responsables y los propios adolescentes) encuentra herramientas que minimicen los daños para minimizar los daños con los casos de bullying en activo y los futuros.
El testimonio de sus padres
Por lo pronto, la visibilización de un suceso tan impactante por Sandra Peña (muchos otros caen en el olvido o ni siquiera se llegan a conocer) ya ha ayudado de alguna forma a atajar situaciones desesperadas de adolescentes.
En una entrevista con 101TV, la madre de la joven fallecida explica cómo un mensaje de Instagram de una adolescente de otra ciudad le hizo saltar las alarmas y puso a la Policía Nacional sobre la pista para evitar la tragedia.
Los hechos ocurrieron durante una cena familiar. Guiada por una profunda e inexplicable inquietud interna centrada en su hija, la madre de la niña empezó a decirse hacia adentro «Sandra, ¿qué te pasa? ¿qué me quieres decir?». Zara Villar se vio impulsada a revisar los mensajes privados de su cuenta de Instagram. Allí descubrió la alarmante alerta de una menor de fuera de Sevilla que rezaba: «Yo quiero hacer lo mismo que Sandra».
La coordinación con la Policía
Ante la gravedad de la situación, la familia acudió de inmediato a una comisaría de la Policía Nacional. Siguiendo estrictamente los protocolos y las pautas dadas por los agentes, Zara mantuvo una conversación activa con la niña para ganar tiempo y evitar que no mantuviera la conversación.
Un desenlace esperanzador: la estrategia funcionó. El hilo de comunicación permitió a las fuerzas de seguridad geolocalizar a la menor en su ciudad natal. El operativo concluyó con éxito con su ingreso de urgencia en un centro psiquiátrico, donde ya recibe la atención médica y psicológica necesaria.
Para Zara Villar, no hay duda de que fue la propia Sandra quien envió esa señal para evitar que otra familia pasara por el mismo calvario. Con este suceso, el nombre de Sandra Peña se desliga del silencio del bullying para convertirse, de manera literal, en un salvavidas para la salud mental de los adolescentes.
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