Arturo Pérez-Reverte ha protagonizado una de esas anécdotas que no han tardado en llamar la atención en las redes sociales. El célebre escritor y académico ha contado este lunes que ha recibido una multa de la Dirección General de Tráfico (DGT) por viajar en un taxi sin llevar puesto el cinturón de seguridad. Una sanción que, lejos de generar una queja por su parte, ha reconocido como completamente justificada.
El propio autor ha sido el encargado de dar a conocer lo sucedido a través de su cuenta de ‹X›, antes Twitter, donde ha explicado que la Guardia Civil le ha impuesto una multa de 100 euros, cantidad que ha abonado en el mismo momento de recibir la sanción.

«Con toda la razón del mundo, la Guardia Civil me ha calzado hoy cien mortadelos de multa, que he pagado en el acto. Todo pertinente y correcto. Les he deseado buen servicio», ha escrito.
La publicación no ha pasado desapercibida, especialmente por la manera tan característica con la que Pérez-Reverte ha relatado el episodio. El escritor ha recurrido a la expresión «mortadelos» para referirse a los euros de la multa, acompañando así una información bastante cotidiana de ese tono irónico y desenfadado que suele caracterizar algunas de sus intervenciones públicas.
Una multa de 200 euros que se queda en la mitad
La sanción impuesta al escritor ascendía inicialmente a 200 euros, aunque finalmente ha tenido que desembolsar únicamente 100 euros gracias al descuento del 50 % por pronto pago. De esta manera, Pérez-Reverte ha resuelto el trámite en el mismo momento, sin esperar a que transcurriera el plazo ordinario para abonar la multa.
El motivo de la sanción ha sido viajar en un taxi sin utilizar el cinturón de seguridad. Un comportamiento que ha supuesto la intervención de los agentes de la Guardia Civil y que ha terminado con la correspondiente denuncia.

Lo llamativo de la historia no ha sido tanto la cuantía de la multa como la reacción del propio escritor. En lugar de cuestionar la actuación de los agentes o mostrar su descontento por haber sido sancionado, Pérez-Reverte ha reconocido abiertamente que la Guardia Civil tenía razón y que la intervención había sido correcta.
«Con toda la razón del mundo», ha comenzado su mensaje, dejando clara su postura desde la primera frase. También ha añadido que todo había sido «pertinente y correcto» y que, después de pagar la sanción, ha deseado «buen servicio» a los agentes que le han multado.
El escritor no cuestiona la actuación de la Guardia Civil
La reacción de Arturo Pérez-Reverte resulta especialmente llamativa por la naturalidad con la que ha contado una situación que, en otras circunstancias, podría haber dado pie a numerosas quejas. El académico ha asumido la responsabilidad, ha reconocido que la sanción estaba justificada y ha pagado los 100 euros correspondientes sin poner reparos a la actuación policial.
Su mensaje también ha servido para recordar la importancia de utilizar los sistemas de seguridad obligatorios durante los desplazamientos por carretera, independientemente de que el trayecto se realice en un vehículo particular o en un taxi.
De hecho, esta imposición forma parte de las nuevas normas de la DGT: los taxistas han perdido una excepción histórica que les permitía conducir sin el cinturón de seguridad en zonas urbanas. Con la entrada en vigor del nuevo Reglamento General de Circulación, el pasado 1 de octubre, los taxistas y otros conductores profesionales estarán obligados a utilizarlo.
En este caso, el escritor ha terminado pagando la sanción correspondiente después de que los agentes detectaran que no llevaba puesto el cinturón. Una multa que, como él mismo ha explicado, ha aceptado «con toda la razón del mundo».
«Cien mortadelos»: una anécdota que el autor ha pagado sin problemas
La publicación de Pérez-Reverte ha convertido una situación bastante habitual en una anécdota llamativa. Su manera de explicar lo sucedido, utilizando expresiones como «me ha calzado» o «cien mortadelos», ha aportado un punto de humor a un episodio que, en realidad, ha terminado con una sanción de tráfico.
El escritor tampoco ha necesitado extenderse demasiado para dejar clara su postura. En apenas unas líneas ha explicado el motivo de la multa, ha reconocido que los agentes habían actuado correctamente y ha confirmado que había pagado la cantidad correspondiente en el acto.
Así, lo que podría haberse quedado en una simple multa por no llevar el cinturón de seguridad ha terminado convirtiéndose en una pequeña anécdota compartida con sus seguidores. Y todo ello con una conclusión bastante clara por parte del propio protagonista: la sanción estaba justificada, los agentes habían cumplido con su trabajo y los 100 «mortadelos» estaban bien puestos.
Una forma de contar lo sucedido que refleja que, al menos en esta ocasión, Pérez-Reverte ha preferido tomarse la multa con humor y reconocer sin rodeos que la Guardia Civil tenía «toda la razón».




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