La Línea de la Concepción. Las excavadoras y la transformación urbanística de la frontera amenazaban con sepultar un pedazo crucial de la memoria colectiva del Campo de Gibraltar, pero la sensibilidad y el amor por el patrimonio han ganado la batalla. El monumental mural El Éxodo de Gibraltar, pintado en 1982 por el recordado artista Nacho Falgueras, ha sido rescatado del edificio de la aduana entre La Línea y Gibraltar que desaparecerá en breve, gracias al empeño de la hija del artista, la directora del museo Cruz Herrera, la Guardia Civil del edificio aduanero, amigos y la inestimable colaboración de los responsables de cultura del ayuntamiento linense.
La obra, un coloso de casi seis metros de longitud, se encuentra ya a salvo para iniciar un proceso de restauración que promete devolverle todo su esplendor en un nuevo hogar que, de momento, se guarda bajo un hermético y cariñoso secreto. El Ayuntamiento de La Línea de la Concepción ha asumido por completo la recuperación de esta pieza de extraordinario valor histórico, artístico y sentimental. Al frente de este minucioso trabajo táctico se encuentra Mercedes Corbacho, restauradora y directora del Museo Cruz Herrera. El consistorio linense ha decidido blindar el nombre del nuevo emplazamiento para que su destino final sea una emotiva sorpresa para la propia familia del artista, un tributo íntimo a un creador que transformó el paisaje urbano de toda la comarca.

Más de tres décadas como parte del paisaje aduanero
La historia de este mural es una crónica de resistencia que camina en paralelo a la propia evolución de la frontera. Todo comenzó a principios de los años ochenta, cuando un joven Falgueras concibió la idea bajo la propuesta conceptual Éxodo de Gibraltar mecano para presentarse a un concurso público. Tras ganar el certamen, la obra —ejecutada con maestría sobre láminas de madera y capas de pintura acrílica— se instaló en el primer edificio de la aduana, donde permaneció catorce años e incluso convivió con el día a día de los funcionarios al integrar en su propia estructura el acceso a una puerta de oficinas.
Cuando aquel primer inmueble fue demolido para dar paso a las nuevas instalaciones fronterizas, el mural sufrió su primera gran intervención de supervivencia. Para poder trasladarlo sin destruirlo, la pieza tuvo que ser minuciosamente cortada en tres paneles independientes. Con ese nuevo formato, la obra custodió el tránsito diario entre La Línea y el Peñón durante otras dos décadas, acumulando sobre sus trazos las huellas del desgaste ambiental, el humo y el inexorable paso del tiempo, pero no podía quedar desahuciada por los nuevos planes de derribo.

El rescate de la memoria y la unión de un pueblo
La salvación de este patrimonio ha sido el resultado de una cadena de voluntades y afectos. La alarma saltó cuando el derribo de la segunda aduana se hizo inminente. Sandra Falgueras, hija del escultor, asumió la misión de rescatar el legado de su padre y, tras intensas gestiones con el jefe de la aduana para obtener los permisos de retirada, activó el protocolo de salvamento en estrecha colaboración con la concejal de cultura, Raquel Ñeco. En el complejo engranaje físico del traslado, la figura de Mateo el transportista fue clave, manejando con absoluta delicadeza y precisión los pesados paneles de madera con la inestimable colaboración de Francis Trujillo «El africano» y los miembros de la Guardia Civil que aún permanecen en las instalaciones, para evitar que el alma de la obra sufriera el más mínimo rasguño.
Más allá de su indudable valor plástico, El Éxodo de Gibraltar encierra una carga emocional entrañable para los habitantes de la zona. Las pinceladas de Falgueras retratan el histórico éxodo de la población gibraltareña durante el Gran Asedio entre 1779 y 1783, un conflicto bélico que obligó a miles de personas a abandonar el Peñón y establecerse en los campos colindantes donde, tiempo después, brotaría la ciudad de La Línea. Con una figuración expresiva que simplifica las formas para agigantar los sentimientos, el mural muestra a un grupo de hombres, mujeres y niños avanzando en bloque junto a una carreta de grandes ruedas, un símbolo universal del desarraigo, el sacrificio familiar y la búsqueda de una nueva vida compartida bajo la eterna silueta del Peñón al fondo.

Dos miradas de una misma raíz: Falgueras y Ortega Bru
Al contemplar detenidamente esta creación de Falgueras, resulta imposible no trazar un puente emocional y artístico con la obra de otro gran referente campogibraltareño: Luis Ortega Bru y su impresionante relieve El éxodo, el cual se puede admirar en el salón de plenos del Ayuntamiento de San Roque. Ambas piezas dialogan de forma magistral sobre el mismo dolor del desarraigo, pero desde dos lenguajes completamente distintos.
La obra de Falgueras destaca por un estilo personalísimo; una pintura que revela su profundo interés por la mecánica y el ensamblaje de piezas. A través de este concepto constructivo, el autor plasma una metáfora de engranaje en ese éxodo, proyectada de forma poética sobre los muros de una aduana donde mecánicas son también las tareas burocráticas que el personal realiza allí a diario. Por el contrario, el mural tallado en madera por el imaginero sanroqueño Ortega Bru es una demostración de fuerza orgánica y dolor carnal, un testimonio de aquellas familias y profesionales que se vieron obligados a refundarse en la cercana San Roque, ciudad «donde reside la de Gibraltar», mediante una gubia exquisita y trágica.

El regreso a casa del Hijo Adoptivo
Nacho Falgueras, fallecido en mayo de 2015, fue nombrado Hijo Adoptivo de La Línea en 2012, consolidando un idilio con la ciudad que se fraguó desde su infancia. Aunque nació en Málaga en 1955, se crió en las calles linenses, estudió en el Instituto Menéndez Tolosa y, tras licenciarse en Bellas Artes en Sevilla, regresó a las aulas de su antiguo instituto para ejercer como profesor de dibujo y transmitir su pasión a las nuevas generaciones.
Su firma está esculpida en la identidad de toda la provincia de Cádiz a través de monumentos tan queridos como el dedicado a Camarón de la Isla o el conjunto de Las Tres Gracias en La Línea, la estatua de Paco de Lucía en Algeciras o los monumentos a la Paz y a la Constitución en Medina Sidonia.
Con la restauración de este friso de la aduana, La Línea no solo recupera madera y pigmentos acrílicos; rescata el latido de un pueblo transfronterizo y hace justicia poética con uno de sus vecinos más ilustres, asegurando que su mirada sobre la historia siga viva para las generaciones venideras.



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