Exhausto y completamente teñido de almagre, el Cascamorras se dio por vencido un año más en Guadix. Los bastetanos tumbaron su pretensión de llevarse a la Virgen de la Piedad de Baza de la Iglesia de la Merced el pasado 6 de septiembre, como manda la tradición, y la imagen se quedó en su templo. Y, claro, los accitanos le dieron el castigo que merece para celebrar una edición más de este festejo de Interés Turístico Internacional.
Antonio Vera, el Cascamorras de este año, llegó a la estación de tren, donde se da comienzo al itinerario que debe seguir y enfiló la carretera de Baza hacia su Guadix natal acompañado de su tamborero, que avisaba de su presencia a los vecinos, y de los miembros de la hermandad, quienes portaban la bandera para no perderlo de vista en ningún momento y le trataban de defender de aquel que quisiera reprenderle por no haber cumplido su misión. No solo sus compañeros le protegían, sino que el propio Cascamorras también empuñaba su mítica porra, con la que se defendía de los «pintorescos» ataques de los accitanos.
En su camino se iba parando para retomar el aliento y refrescarse, ya fuese con agua o champán. Mientras tanto, los accitanos disfrutaban y jaleaban a su Cascamorras, a la vez que vaciaban sus botellas de pinturas sobre él y el resto de vecinos. En su trayecto también se detenía varias veces para dar su bendición a los bebés que, quién sabe si en un futuro tratarán de replicar la épica de Antonio Vera.
A pesar de no conseguir su cometido, fue ovacionado
El nuevo itinerario, que ha sido modificado este año por varias mejoras en las calles del municipio, lo hizo pasar frente a la pared de San Torcuato de la Catedral de Guadix, donde el Cascamorras quiso aprovechar para hacer una especial jura de bandera a la Virgen de la Esperanza, que cumple su 75 aniversario.
A su llegada al Palacio Episcopal, el Cascamorras fue bendecido por el obispo de Guadix, Francisco Jesús Orozco Mengíbar, al que los accitanos hicieron botar en uno de los momentos más especiales del recorrido. En la Plaza de las Palomas, el Cascamorras, desde el balcón del Ayuntamiento, recibió los vítores de los accitanos, a los que él respondió al grito de «¡Viva Guadix!», a lo que los vecinos se lo devolvieron con un fuerte «¡Viva!». De ahí volvió a las calles.
Bizcocho y sangría para el arreón final
En el final del trayecto, comenzaron a volar bizcochos por los aires, que los accitanos acompañaron gustosamente con una sangría calificada como ‹peleona› y que también fue bendecida por el Cascamorras. Dos horas más tarde, Antonio Vera llegó a la Capilla del Cristo de los Favores, dando por acabada esta edición del Cascamorras. Aunque la duración de este año se recortó debido a la modificación del recorrido, los accitanos vivieron y disfrutaron de este evento. Este no fue el año que el Cascamorras pudo llevarse la Virgen de la Piedad de Baza, pero Guadix no pierde la esperanza y volverá a intentarlo el año que viene.



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