Han pasado casi nueve meses del accidente de Adamuz y todavía siguen llegando historias que tocan el corazón. Aquel 18 de enero de 2026, 46 personas perdieron la vida y más de 150 resultaron heridas tras el descarrilamiento de los trenes en el municipio cordobés. Gonzalo Sáenz es un joven onubense que perdió a su abuela aquel día y temió por la vida de su padre, su hermano y sus primos pequeños. Pero, pese a todo, decide aferrarse a una lección de vida que nunca olvidará.
De viaje a Madrid para ver el Bernabéu y el Rey León
Natividad de la Torre, abuela de Gonzalo, había vendido un terreno en Huelva que tenía desde hacía años. Con parte de ese dinero, decidió invitar a sus nietos a hacer el tour del Santiago Bernabéu y ver el musical del Rey León en Madrid. Con ella viajaba su hijo Luis Carlos, de 51 años, y sus nietos, Carlota, de 11 años, Fidel, de 10 años y Guille, de 12 años. Pasaron unos días en la capital y después se dispusieron a volver a casa en el primer vagón de uno de los trenes accidentados.
La abuela iba rezando durante el camino, casi de forma premonitoria. Los pequeños iban jugando a la consola. Y la niña estaba haciendo las tareas del colegio. Todo iba bien, hasta que de pronto escucharon un ruido, se apagaron las luces y despertaron entre hierros. El padre quedó atrapado entre los amasijos, los menores aturdidos y asustados por lo ocurrido, incluso con heridas en su cuerpo, y la abuela no soportó el envite tras la colisión del vagón del tren en el que viajaban.
Yendo hacia allá, a la altura de Sevilla, nos llaman de la ambulancia y nos dicen que están los 2 niños bien y la niña con la pierna rota, mientras mi padre, inconsciente, iba en ambulancia con la cabeza abierta.
Natividad nunca regresó, ya que fue una de las 46 víctimas mortales del accidente. Luis Carlos no sabe ni cómo sobrevivió, ya que quedó «atrapado entre hierros durante dos horas». Carlota se rompió una pierna, pero se recuperó tras ser operada del fémur. Y Guille y Fidel salieron ilesos, sin más que «heridas de guerra». Según relata Gonzalo, su padre y otro chico llamado Hugo lograron sacar a los pequeños del tren. Más tarde, un policía llamado Ángel logró rescatar al progenitor del joven que narra la historia.
Gonzalo fue escuchando lo sucedido por la radio
Mientras sus familiares pasaban un infierno, Gonzalo empezó a escuchar rumores de que había habido un accidente. No tardó en darse cuenta de lo que estaba sucediendo y marchó hacia Córdoba, con la radio para enterarse de los avances, y con la esperanza de reencontrarse con sus seres queridos. Su padre estaba en el Hospital San Juan de Dios, y allí se dirigió. Tras días en la UCI, todo salió bien y los pequeños pudieron curar sus heridas. Y aunque su abuela no volvió a casa, Gonzalo agradece que la tragedia no fuera mayor.
Elige quedarse con una lección de vida
Pese a todo lo vivido, el joven onubense decide quedarse con una moraleja que le enseñó su abuela Natividad: «A veces la vida, de la manera menos agradable, te avisa que cada momento con tu familia, tus amigos y tus seres queridos es un regalo, por lo cual hay que dar más cariño, decir más te quiero y enfadarse menos por tonterías». Una dura lección que Gonzalo comprendió aquel día y que quedará en su recuerdo desde aquel 18 de enero de 2026.



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